
Decir NO también es amor
Decir NO no rompe el amor: lo cuida. Un límite puesto con respeto protege lo que importa y te devuelve a tu centro. Cuando decimos sí a todo acumulamos tensión, culpa y cansancio. El cuerpo lo señala antes que la mente.
¿Por qué cuesta? Porque tememos perder aprobación o generar conflicto. Pero un límite claro reduce la confusión y abre espacio para acuerdos más honestos.
Cinco pasos prácticos: 1) Pausa y respira: identifica qué sientes y qué necesitas. 2) Nombra con claridad: “Ahora no puedo”, “Necesito descansar”. 3) Habla desde ti: evita acusaciones y mantén tu eje. 4) Sostén la reacción: puedes validar sin ceder tu cuidado. 5) Repara si hace falta: un límite no es castigo; es cuidado.
Un límite no es un muro. Es un puente para encontrarnos con verdad.
